Sonando en Cuba

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Foto: Omairy Lorenzo
Foto: Omairy Lorenzo

Mi abuela no se pierde ni un programa. En cuanto concluye el noticiero estelar de domingo se acomoda frente al televisor, durante hora y media no se aparta de su sitio. Dice que le encanta el espectáculo. Se divierte mientras evalúa a los competidores y predice aquellos que pudieran llegar a la final. Lo mismo le sucede a mi mamá y a muchos de mis vecinos.

Desde que Sonando en Cuba llegó a la pantalla de los hogares de la ínsula en 2015, conquistó la complicidad de una amplia teleaudiencia. Hace algunas semanas se repite la entrega en su segunda temporada. Y al parecer esta vez ha logrado incrementar  la atracción de los espectadores. Al menos eso he escuchado decir a varias personas.

Este tipo de propuestas televisivas tiene la capacidad de seducir, gracias a sus encargos competitivos que se traducen en el rastreo de nuevas aptitudes para inyectarle vida y renovación a la música. El solo objetivo de cazar talentos, tanto en Cuba como en otras partes del mundo, consigue captar la atención de un gran número de adeptos. Está demostrado que los públicos se identifican con esa suerte de rivales que saltan del anonimato, con el propósito explícito de aproximarse a un triunfo.

Sin dudas este factor constituye una de las dosis de éxito de Sonando en Cuba. No obstante, el proyecto goza de otras significativas virtudes. Y es que este certamen  se posicionó en el mapa sonoro de la Isla en un momento imperioso, dado por las particularidades del contexto actual. Se hacía muy necesario localizar jóvenes con suficientes habilidades, en aras de reavivar no solo varias de las agrupaciones del país, sino gran parte de nuestras sonoridades más autóctonas.

El modo en que se esbozó el producto audiovisual reproduce múltiples pautas foráneas

En las voces de la veintena de muchachas y muchachos que compiten se han escuchado canciones antológicas del pentagrama nacional. Que estos jóvenes defiendan composiciones de importantes autores cubanos, desde los clásicos hasta los más contemporáneos, y que esa diversidad les permita desplazarse por diferentes géneros de nuestra música, es otro de los valores innegables de la iniciativa. Las nuevas generaciones pueden desconocer gran parte de esas creaciones musicales; por ello el espacio dominical funciona como una saeta que señala el patrimonio melódico de la nación, lo arrebata del olvido y lo devuelve al presente.

Ahora bien, como toda obra humana, no está exenta de errores y elementos cuestionables. En este sentido la mayoría de las opiniones coinciden al apuntar que la columna vertebral del programa es una imitación de producciones extranjeras similares. Quien haya visto presentaciones de La Voz (Kids, México, España…) y America’s got talent, puede notar sin dificultad que muchos de los códigos de Sonando en Cuba son un calco de esas propuestas.

El modo en que se esbozó el producto audiovisual reproduce múltiples pautas foráneas. Copia que evidencia, además de los patrones más generales, mecanismos tan sutiles como el lenguaje. Por eso muchos televidentes no concuerdan con que se les llame “coach” a los cantantes que entrenan a los contrincantes. Comparto el sentimiento. Primero porque tal sustantivo no pertenece a nuestra lengua: no nos identificamos con él, puesto que no hay una tradición en materia de competencias que avale su uso. En un idioma tan rico como el español existen varios vocablos para denominar las funciones de los músicos que preparan a sus discípulos. Sonando en Cuba se define por resaltar la cubanía, sin embargo la utilización de semejante signo lingüístico puede echar por tierra esa aspiración.

Asimismo, el montaje, la edición y ciertos efectos de luces carecen de exclusividad y estilo propio. En lugar de concebir un espectáculo con esquemas genuinos; se apeló a la utilización de modelos trillados que muchas veces no responden a nuestras características y circunstancias.

No es que en el país la originalidad esté en falta. En muchos campos de la sociedad se percibe esta condición. Pero a veces es más fácil copiar fórmulas impropias consolidadas a base del éxito, que salir de las zonas de confort en busca de ideas auténticas. Parir singularidad no es fácil. Es una tarea que supone la mixtura de talento, creatividad y criterio.

Aunque se trata de un proyecto digno de reconocimiento, agradeceríamos más el empeño si sus hacedores se plantearan la necesidad de llevar a la pantalla chica un producto cien por ciento criollo. Ese logro adicionaría más seguidores a la programación nocturna de los domingos.

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1 USDDólar Estadounidense
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1 ZELLEZelle
686.73 CUP-3.34
1 CLAClásica
648.28 CUP+0.29

Los valores de REFERENCIA que aquí se muestran son el resultado del cálculo de la mediana de los números escritos en ofertas de compra y venta de divisas registradas por nuestro sistema automatizado en sitios web de clasificados y grupos de redes sociales. No son operaciones concretadas, sino expresiones de «deseos» de los actores del mercado informal. El precio final de la compraventa entre privados puede y suele variar. Insistimos en que los números que mostramos no son la tasa OFICIAL, sino que deben ser tomados solo como REFERENCIA. Más información, clic en el botón de +

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