Los cementerios son el último eslabón de una cadena de desgracias que viven los familiares cuando tienen un fallecido: ataúdes rotos, camiones o carretones tirados por caballos para transportar cuerpos, funerarias a oscuras, traslados que tardan horas…y otros calvarios que agravan el momento de dolor.
En medio del dolor de vivir en la Cuba de hoy: rota, desierta, enferma y en manos de un poder represivo y mordaz, puede predominar el impulso de evidenciar el desastre a través de imágenes crudas. Es una forma de mostrar lo que el Estado oculta, de dar rostro a un dolor que parece no tener fin. Sin embargo, como sociedad, es necesario cuestionarnos si la dignidad termina con la muerte, reflexionar sobre la importancia de la empatía y el respeto, y la búsqueda de soluciones a las causas que llevan a estas tragedias.