La poesía no es para jugarCuando el verso viene en forma de ojos y piernas, que nos desarman con poesía.
Una profesión para arrogantes masoquistasAl cabo de varios años uno se percata de que el periodismo es un oficio de arrogantes y masoquistas.
Acceso a Internet o la nueva Campaña de AlfabetizaciónEl acceso a Internet hoy en Cuba es una cuestión monetaria cuando debería ser una cuestión de principios.
Cuba con todosCreo que el bien y el mal existen, pero les gusta intercambiar roles. Lo correcto, lo decente, lo culto y lo civilizado cambian según el lugar, el momento o la gente.
Se renta habitación y derechos para extranjerosEn Cayo Las Brujas, los cubanos no pueden montar en lanchas con motor. Alguien pensó y sigue pensando que todos somos posibles secuestradores locos por irnos a Miami.
Reservación o pasaporteHay lugares a los que un cubano no puede acceder sin reservación o pasaporte… aunque esto vaya contra la Constitución.
Historia de la nostalgia en CubaTe fuiste y te extraño y a cinco palabras de empezar a escribir sé que para nadie es peculiar que un cubano extrañe. Las historias de la nostalgia en Cuba son, por común, poco relevantes.
Clara, Eva y los monstruosLo más patético del ser humano es la necesidad de quien marque el rumbo. Ante este defecto aparecen criaturas con piel de salvadores que se agencian la felicidad propia prometiendo la felicidad ajena.
El precio de CubaRichard se fue de Cuba en 1967. No había ni siquiera nacido. Un mes después su madre le dio a luz en los Estados Unidos. Toda su vida ha sido un norteño según los estándares reconocidos: estudió en una escuela religiosa para varones, jugó al fútbol americano en el higschool y en el college, tiene seis autos y una hipoteca por treinta años.
Obama, los amigos y la pelotaLa pelota para los cubanos es un asunto de amigos. Crecemos jugando al béisbol, en el barrio, con la gente que recordaremos toda la vida. Una discusión sobre ese tema crea afinidades, incluso si se difiere.
De la ciudad prisionera y de tiEn 1901, por miedo al mar, en La Habana comenzaron a construir el Malecón. Cincuenta años y un poco les tomó. Quien se para en la enorme pared está muy cerca del agua, pero muy lejos del mar.